De Odiseo a Proserpina

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Cómo se puede pensar
que en el país de los pillos,
en la tierra del Buscón,
donde creció el  Lazarillo
y Cervantes escribió
Rinconete y Cortadillo,
funcione bien una Ley
que diga que «es a tu gusto»,
aunque te cuelgue el badajo
o tengas muy grande el busto,
manifestarte contrario
a lo que el orbe pregona,
y decirle al funcionario
que saque pluma y papel,
y que te ponga Rosario
y tache que eras doncel.

Y eso que yo no me meto
—porque me sobra cordura—,
con qué provoca su ardor,
o qué se la pone dura;
que cada cual es muy dueño
de tumbarse sobre el lecho
boca arriba o boca abajo,
como le haga más provecho.
Porque en asuntos de cama
no debe de haber censura,
y seas varón o dama
hay que actuar con holgura.

Pero que, mozos fornidos,
con sus partes renegridas,
nos quieran tomar el pelo
y acostándose «odiseos»
se levanten »proserpinas»;
y aunque tengan la nuez gorda
y el cuello como un Miura
diga Paco que es Loreto
y Manuel  diga que es Pura.
¡Eso clama al mismo cielo!
Y nos traerá de cabeza
si alguien no pone remedio
al asunto con presteza.

Un último pensamiento
a modo de colofón:
usando su atrevimiento
piensa siempre el que es ladrón
—con poco discernimiento—
que son los demás también
de su misma condición.

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