Jue 14 marzo 2019
De sexo y alergias
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Ocurrió en el Hospital General Universitario de Alicante. Una mujer de 31 años sufrió un choque anafiláctico que los facultativos asociaron con una alergia a la penicilina. Hasta aquí nada especial, más allá del desgraciado accidente. Pero resulta que la mujer en cuestión conocía su alergia y por supuesto no había tomado ningún medicamento que contuviera penicilina. ¿Qué paso entonces? Pues los sesudos doctores de urgencias, tras darle muchas vueltas al asunto y recabada toda la información, en su conclusión afirmaron que la única explicación viable era que su pareja, a la que la mujer había practicado sexo oral y que sí estaba tomando amoxicilina, fuese la causante del problema a través de su esperma.

Las tres religiones del Libro no conciben la sexualidad más que dentro del ámbito de la reproducción. Condenan pues (en público), cualquier otra forma de arte amatoria que distraiga a los copulantes del objetivo principal, ya que si el esperma no se vierte donde debe, pues es un desperdicio. Para más inri, la participación activa de la boca en el juego sexual empeora las cosas, ya que ésta se considera el órgano por el que se vierte la “la palabra y la verdad” y no está para otro tipo de “porquerías”.

Los varones adolescentes de mi generación, crecimos soñando con felaciones imaginadas. Creo que ahora las cosas habían cambiado; pero ¡ay! nunca falta un roto para un descosido, y cuando parecía que las generaciones postconstitucionales habían consolidado determinadas libertades sexuales, viene esto y  ¡zas! Porque si ya era complicando establecer un protocolo viable que garantizara un “sí quiero” rotundo y sin ningún género de dudas, ahora hay que recordar que cuando salga la cuestión de: en tu casa o en la mía, además habrá que añadir: oye ¿tú no serás alérgica al marisco?

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