Mié 31 diciembre 2025
En recuerdo de Antonio Belda
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Apenas el sol rozaba la cumbre del Montcabrer y la escarcha de la noche como si fuera un mantel cubría Sierra Mariola con sus gotitas de miel, con la escopeta...
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Apenas el sol rozaba
la cumbre del Montcabrer
y la escarcha de la noche
como si fuera un mantel
cubría Sierra Mariola
con sus gotitas de miel,
con la escopeta en el hombro
y detrás de su lebrel
Antonio se echaba al monte
al filo de amanecer.
Y avizorando las lomas,
hundiéndose en las vaguadas,
recorriendo los senderos
y escudriñando las matas,
como si fuera un suspiro
se acababa la mañana.
Pero un día de diciembre
—veintisiete era del mes—
salió como siempre al monte
mas ya no supo volver.
Abandonó la vereda
que no lo quiso traer.
No reconoció el arroyo
donde calmaba su sed.
Su mirada, siempre clara,
se enturbió y no pudo ver
el camino de regreso,
y nos quedamos sin él.
Y en la Sierra de Mariola,
cuando el sol comienza a arder,
los olores de las hierbas
echan de menos su pie:
la Hierba Luisa, el cantueso,
el poleo y los hinojos,
la manzanilla, el espliego
y hasta el humilde rastrojo
preguntan ¿dónde se fue?

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