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Lo piensas y te entra como un respingo por la espalda. Para que luego digan que la realidad no supera a la ficción. Me refiero, como algún avezado lector habrá ya adivinado, a la acción protagonizada, de momento presuntamente, por Carmen, la mujer que, si se confirman las acusaciones, bien podría ostentar el nombre de la decapitadora de Castrourdiales. Los plumillas siguen aportando datos cada día que pasa y con cada descubrimiento aumenta  la mueca de asombro. Parece además, que no está escrita la última palabra de este caso y que la truculencia puede ser aún mayor: ¿mayor?

La costumbre de cortar cabezas es, por otra parte, muy de aquí. Parece que ya los pueblos iberos descabezaban de forma generalizada a sus enemigos; y parecía que algo habíamos avanzado desde entonces (esto no crean ustedes que yo lo pienso todos los días, sobre todo cuando acabo de leer la prensa) pero no, y ahí está el caso para confirmarlo.

En el caso de mujeres que descabezan varones la historia nos ofrece multitud de casos en los que la cabeza de poderosos guerreros es cortada por una mujer, casi siempre utilizando la astucia. El caso más conocido por bíblico, es el de la judía Judith cuando le corta la cabeza al general asirio Holofernes.  Una forma de victoria especialmente sutil y que potencia una visión castradora de la decapitación.

Luego está lo de cocer la cabeza en una olla. Hombre, si ya está mal cortarle la cabeza a alguien, cocinarla…No quiero ni pensar en algún vecino al que Carmen invitara esos días a casa y le ofreciera un caldito.

Y todo esto entre sevillana y sevillana, que Carmen es muy flamenca. No, desde luego ¡flamenca sí que es!, de Cai na menos. Y es que las gaditanas se forjaron descabezando gabachos a principios del XIX mientras se hacían tirabuzones.

Lo de despistar a la Guardia Civil enviando la testa  a casa de la vecina, todavía no está claro del todo. Parece que puede haber más leña que cortar. Ahora, el sofocón que te llevas cuando abres una caja que debería contener inconfesables artículos de látex para el placer y te encuentras con un cráneo envuelto en papel de aluminio…

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