Lun 20 mayo 2024
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Mi casa

 

Yo sueño con un pueblo entre montañas,

dormido en el silencio y en el tiempo;

con mi casa cubierta de pizarra

y un sol débil y tímido de invierno.

En el ángulo sur de la terraza,

se levantan airosos mis dos fresnos

que al final de la poda siempre dejo

quizás muy desmochados, lo confieso.

Si bajo la escalera y doy diez pasos,

estoy junto al manzano y el cerezo;

y un poco más abajo, junto al río,

el bosque desvestido de febrero

me deja  ver las aguas cristalinas

avarientas de brillos y reflejos.

Deslizo  suavemente la mirada

hacia el valle profundo, y me entretengo

en las copas de robles y castaños

que, silentes, soportan el invierno.

Y en el confín al que la vista alcanza,

la nieve se interpone entre los cerros

y las nubes, cargadas de amenazas,

que esperan impasibles su momento.

Aspiro el aire azul de la mañana,

dejando que se quede muy adentro,

envidioso de todas las fragancias

que quisiera tener y que no puedo.

Lentamente regreso a la terraza,

contemplando al pasar el muro nuevo:

los fósiles, las vetas coloradas de las piedras…

Cruzo el porche y luego

me acerco hasta la silla donde Ella

deshoja el mediodía a ritmo lento.

Su invernal palidez busca afanoso

un raquítico sol que, con esfuerzo,

se empeña en sonrojar sus dos mejillas,

en un intento vano y pasajero.

Busco asiento a su lado, y me acurruco

al olor de sus manos y su pecho,

esperando el regalo compartido,

con sabor a naranja, de sus besos.

3 respuestas

  1. Ya sabes Luis que me encantan tus versos y relatos pero éste en particular me llena de sentimientos y recuerdos que me acercan al sabor de mi tierra natal.

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