En recuerdo de Antonio Belda
Cuando dejamos de vagar
VERANO
A mi padre
El volcán
El año que no hubo otoño
L´Estruendu
SOLEDAD DE FLORES MUERTAS
LA ESTELA
Tiempos de amor, honor y guerra en el Bierzo
La higuera
Aprehender el tiempo
Mi casa
El héroe en la batalla
Las mariposas del río
Ese mundo…ya no está
El río
Seis octavas para un recuerdo
Solo te recito un verso
Cántaros y agua
«Ocurrió en un mes de octubre...»
Castilla
Estaba tan cerca
La silla vacía: En recuerdo de Pepe Fuster
Apenas el sol rozaba
la cumbre del Montcabrer
y la escarcha de la noche
como si fuera un mantel
cubría Sierra Mariola
con sus gotitas de miel,
con la escopeta en el hombro
y detrás de su lebrel
Antonio se echaba al monte
al filo de amanecer.
Y avizorando las lomas,
hundiéndose en las vaguadas,
recorriendo los senderos
y escudriñando las matas,
como si fuera un suspiro
se acababa la mañana.
Pero un día de diciembre
—veintisiete era del mes—
salió como siempre al monte
mas ya no supo volver.
Abandonó la vereda
que no lo quiso traer.
No reconoció el arroyo
donde calmaba su sed.
Su mirada, siempre clara,
se enturbió y no pudo ver
el camino de regreso,
y nos quedamos sin él.
Y en la Sierra de Mariola,
cuando el sol comienza a arder,
los olores de las hierbas
echan de menos su pie:
la Hierba Luisa, el cantueso,
el poleo y los hinojos,
la manzanilla, el espliego
y hasta el humilde rastrojo
preguntan ¿dónde se fue?
Un comentario
Evocadora, lírica y emotiva.
Gracias, Luis!!!