Acción de Gracias

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Hoy es Acción de Gracias. No descubro nada si digo que, al paso que vamos, es posible que dentro de unos años acabemos celebrando esta fiesta en España, y, como verá si termina este artículo, tampoco estaría exento de cierta lógica.

Si busca en Internet encontrará que fue el presidente Abraham Lincoln (1861-1865) el que estableció oficialmente la festividad de Acción de Gracias para conmemorar la llegada de los colonos británicos a bordo del Mayflower, en 1620. Pero, también en Internet encontrará que el lugar donde se celebró el primer día de Acción de Gracias, el 8 de septiembre de 1565, fue según Robyn Gioia y Michael Gannon, profesores  de la Universidad de la Florida, la ciudad de San Agustín, fundada, por cierto, por un paisano mío: Pedro Menéndez de Avilés, cuya estatua preside uno de los parques de la «Villa del Adelantado» como tenemos a gala llamarla los avilesinos. Y es que este país nuestro, para lo bueno y para lo malo, está detrás de casi todo.

Ahora bien, si es usted de los que le gusta llegar al fondo de las cosas, necesita «bucear» un poco más para enterarse de que el relato es mejorable. Para ello puede recurrir al libro 1491 Una historia de las Américas antes de Colón, (Capitán Swing) de Charles C. Mann, donde el autor explica cómo los colonos del Mayflower, después de buscar durante varias semanas (durante las cuales pereció una gran parte de los pasajeros), desembarcaron en la zona de  Cabo Cod, en un lugar llamado Patuxet. Enfermos y sin víveres, saquearon las viviendas y las provisiones de los indios de la zona, ya que, incomprensiblemente, no llevaban consigo vacas, ovejas, mulas o caballos, para cultivar la tierra.

En la zona coexistían (es una forma de hablar, porque estaban en guerra) dos tribus, los narrangansetts y los wampanoags. Estos últimos fueron los que, a la postre, buscando una alianza contra sus enemigos se reunieron con los colonos en el otoño siguiente a su desembarco en Patuxet, cuando, gracias entre otras cosas al maíz que les habían robado, habían conseguido recuperarse y obtener una buena cosecha. Unos noventa guerreros wampanoags (casi todos jóvenes y armados) se presentaron en la colonia y la milicia realizó una demostración, desfile y disparos al aire incluidos, con la intención de resultar amenazante para sus «invitados». Satisfechas las dos partes de sus exhibiciones de fuerza, se sentaron a comer, esta vez sí, abundantes cantidades de comida y a quejarse de lo malos que eran los narrangansetts.

Como verán, una vez más, la Historia Oficial maquilla los hechos y presenta como una entrañable reunión de indios y colonos, departiendo entrañablemente la comida, lo que en realidad fue un banquete para celebrar una alianza militar.

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