No queda, solo hay fila quince y detrás de la columna.

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Los periodos electorales, sean locales, autonómicos o generales, producen en el común del ciudadano una sensación de pérdida de tiempo. Son como esas colas en la que se tira uno dos horas y cuando le toca, el de la ventanilla le dice: “No queda, solo hay fila quince y detrás de la columna”.

Las elecciones de Castilla y León, no han defraudado en ese sentido: exigua mayoría del PP, al que le ha salido el tiro por la culata,  derrota del PSOE, aunque no descalabro; y notable ascenso de VOX, que hoy podría decir, parafraseando al Cid, aquello de: “Por necesidad batallo/ y una vez puesto en la silla/se va agrandando Castilla delante de mi  caballo“. En realidad don  Rodrigo nunca recitó esos versos. Bueno, ni esos ni otros. Él era más de alancear moros —o cristianos, según conviniera  a su bolsa— que de versos. Su hueste defendía los intereses ajenos, haciéndolos propios por un precio razonable. Y eso que no se había inventado todavía lo de la Geometría Variable.

Podemos y Ciudadanos, Ciudadanos y Podemos, siguen presentes, aunque no son ya sino una sombra de los partidos que fueron, y a los que, por humanidad, alguien debería “rematar” para que dejarán de sufrir.

Luego están los partidos pequeños: locales o localistas, los llama la prensa. Que, sobre la base de reivindicaciones muy concretas, aglutinan la ilusión de personas que creen que las cosas pueden cambiar. Así, sorianos, abulenses y leoneses quieren “hacer camino al andar”, hartos, dicen, del  ninguneo al que los somete  la política de los grandes partidos, y con  jovencísimas formaciones políticas, destacan en los resultados. Lamentablemente, la historia no les da la razón y viene a decir que las nuevas formaciones son flor de un día y que en cuanto sus líderes “pisan moqueta”, se ven envueltos en una realidad que los supera y acaban por desaparecer o mantenerse en la irrelevancia.

Puede que parte de la culpa la tenga la denominación que se elige para los partidos políticos. A mí nunca me han gustado los que se intitulan con tiempos verbales: “Podemos”; pero ¿y si luego no podemos?, ¿qué ponemos? ¿”Pudimos haber podido”? O con expresiones enfáticas: “Soria ¡Ya!”; ¿Ya, qué? Le entran a uno ganas de preguntar. El de los abulenses, XAV, tampoco tiene desperdicio; al principio yo creía que era el entrenador del Barça el que se presentaba, pero que le faltaba la i.

La verdad es que los políticos viven a gusto en ese caos que aporta el fraccionamiento del voto. Porque lo razonable, lo lógico para respetar la voluntad ciudadana, sería que el partido más votado en cualquier cita electoral formara gobierno si tiene mayoría, y el segundo, que para eso es el segundo, ¡coño!, lo facilitara; y después, ya en el Parlamento, que todos peleen por sus intereses y traten de conseguir los acuerdos que necesiten para sacar adelante su programa. Tampoco es algo tan difícil.

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