Un pelotón de soldados

Suscríbete a mi canal

Loading

Últimas Publicaciones

Cada día que se prolongue la guerra de Ucrania es un día más de fracaso para Putin. Un día más en el que pondrá nerviosos a sus generales, elevando el tono de voz y preguntando “qué coño pasa”, que en ruso debe sonar acongojante. Un día más en el que los soldados se preguntarán si sus jefes saben lo que están haciendo. Un día más en el que los padres y madres de los soldados se acostarán (rezando al dios que sea), rogando que sus hijos vean amanecer.

A nadie se le escapa que el peligro potencial de este conflicto es altísimo. Bastará un solo error, un proyectil que caiga donde no debe —suponiendo que los proyectiles deban caer en alguna parte— para que no quede más remedio que “pasar de las musas al teatro” y toda Europa, quizá todo el mundo, se vea envuelto en un  conflicto de proporciones incalculables. Que somos capaces, es algo que ya hemos demostrado varias veces: no creo que haya dudas al respecto.

Pero, ¿qué ha pasado para que hayamos llegado a esta situación? ¿Es que nadie vio venir el conflicto? ¿Es que, en nuestra habitual prepotencia, pensamos: “no se atreverá”? ¿Es que seguimos creyendo que siempre vendrá alguien a sacarnos las castañas del fuego? La respuesta es: todas las anteriores.

El eurocentrismo domina la percepción que Occidente tiene de la mayoría de las cosas, aplicando los parámetros socioculturales que le son propios. Es algo inevitable; y a veces peligroso. Desde esa “óptica” es normal preguntarse ¿Por qué los seres humanos seguimos matándonos unos a otros, si nos iría mejor vivir en paz? No sufra intentando buscar la respuesta. Algunas de las mentes más brillantes de los últimos siglos —Premios Nobel incluidos— se han preguntado lo mismo y todo lo más lejos que llegaron fue a elaborar la “Teoría del Conflicto”, que ni siquiera cuenta con una adhesión intelectual unánime.

No se puede pretender explicar la Teoría del Conflicto en cuatro líneas. Pero —utilizando una brocha muy gorda— podríamos decir que relaciona la evolución de la Humanidad, como sociedad, con todos los conflictos habidos y por haber. Es decir: sin el Conflicto, no estaríamos donde estamos hoy.

Ahora bien, si usted es de los que le gusta profundizar y resulta que como esta tarde llueve no puede coger la bici, pues se sienta cómodamente y bucea en Internet, que ahí lo tiene todo. Encontrará que la Teoría del Conflicto “bebe” del marxismo. El sesudo Marx, después de mucho pensarlo, concluyó que la base del Conflicto estaba en la desigualdad (socioeconómica), que a su vez se producía por las relaciones de poder que establecía el sistema capitalista. Y, mientras recorría el pasillo de su casa desde la habitación de su mujer a la de su criada (a la que visitaba con asiduidad), pensó que eliminando la desigualdad, se eliminaba el conflicto. “¡Coño! ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes”? Se dijo el bueno de Carlos. El resto es Historia, y los bisabuelos de Putin se lanzaron “como cosacos” a eliminar la desigualdad, o por lo menos a que ésta no fuera evidente, y siguiendo los consejos del prusiano, construyeron las lujosas dachas para los “camaradas” lejos de las casas de los obreros.

Los sociólogos del siglo XX liaron más aún las cosas y relacionaron la Teoría del Conflicto con la Teoría de Juegos. Pero para que se meta usted en ese jardín, hace falta ya una semana entera de lluvia y quién sabe si una DANA, que es cuando va a llover mucho pero dicho para que no se entienda.

Putin ha adoptado un comportamiento en su estrategia en la invasión de Ucrania, que en la mencionada Teoría de Juegos se conoce como de “suma cero, o conflicto puro”. Es decir: lo que un jugador gana, el otro lo pierde. Llevando las cosas a un punto en el que ya no hay una salida fácil:

(1) Ucrania se rinde. Alto el fuego. Ocupación militar por fuerzas rusas de un país devastado. Gobierno títere. Europa protesta, pero se tranquiliza: Ya podemos volver a nuestra misión de ser el “Faro Cultural del Mundo”.

(2) Ucrania resiste. Rusia se atasca en una guerra de desgaste, desangrándose poco a poco. Las represalias sobre la población civil son cada vez mayores. Putin cae. Termina la guerra. Europa se tranquiliza: “Ya podemos volver a nuestra misión de ser el “Faro Cultural del Mundo”.

(3) Putin provoca a Occidente de forma que no le deja más opción que intervenir en la guerra: “El Faro Cultural del Mundo, y el Mundo mismo, se van a la mierda”.

Por mucho que algunos se empeñen, no nacemos con un “contrato” debajo del brazo. La decisión de nuestra llegada a este mundo es aleatoria y unilateral, y a lo largo de la vida no hay nada garantizado. Todo lo más un billete para partir de nuevo, sin fecha. Así que, cada día hay que interpretarlo como el regalo que es. Pero, a veces, hay que luchar por ese día: ¡hay que ser capaz de luchar por ese día!, y por el día siguiente, y por el otro…Y al final resulta que a la civilización la salva siempre, como decía Spengler, un pelotón de soldados.

3 respuestas

  1. Mira Luis, ¿sabes lo que te digo? Que hoy nos vamos a comer y a tomar una copa. Por lo que pueda pasar, que no depende de nosotros, que nos quiten lo bailao

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Loading