Compostaje humano

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¿Son ustedes de los que cada primero de noviembre van al cementerio a visitar a sus deudos? Pues aprovechen porque esas visitas pueden tener los días contados. ¡Llega el Compostaje Humano!

Como casi todo lo nuevo, viene de América; más concretamente del estado norteamericano de Washington. Ya lo dice aquella jota, merecedora de ser entonada por el ínclito Echenique: “Zirigoza Zirigoza / qui me paices Guasintón / Con obispo y to la hostia / casa putas y frontón”.

La cosa es que comienza a verse como muy antiguo (y muy caro) eso de enterrarse o incinerarse; y aunque la idea de aprovecharnos como abono no es nueva, este proyecto surge ahora con fuerza impulsado por una tal Katrina Spade, apoyada por el senador del estado, Jamie Pedersen.

Básicamente consiste en meter al muerto en una cámara de compostaje y mezclarlo con materiales orgánicos (paja, madera etc.) para acelerar su descomposición. El proceso dura un mes, día arriba día abajo. Después la familia puede llevarse el “abono” y utilizarlo como más convenga a sus intereses.

A mí la idea me parece estupenda. Ciertamente habrá que lidiar con algunos asuntillos legales y seguro que la Iglesia pondrá pegas, aunque no sé muy bien por qué, ya que en su caso se liberaría suelo y tal como está la cosa podríamos estar hablando de un buen dinero recalificando los cementerios.

Por otra parte no me digan que no sería enternecedor que al decirle a tu anfitrión lo buena que está la ensalada de tomate, que se nota que es de casa, éste te diga: “Hemos mejorado mucho la huerta desde que le echamos al abuelo el año pasado”. O cuando te ponderen la calidad del vino que has pisado este año, contestes: “Se le nota mucho a la viña que le echamos a la tía en noviembre; y es que ella tenía muy buena mano para el vino”.

¡Cosas veredes!

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