Arte moderno

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Recientemente, en una feria de arte moderno, he adquirido la obra que ven ustedes en la cabecera de este artículo: 5.000 euros me costó. Dirán que es cara…claro, porque seguramente ustedes, como yo, no entienden arte moderno.

Estaba yo deambulando por la feria, (deambular es una expresión que le copio a mi médico, que, cuando le digo que cojeo al caminar, el escribe: deambula con dificultad; ¡no!, le digo, yo deambulo bien, pero cojeo.) Pero bueno, a lo que íbamos, deambulaba yo por la feria y me paré delante de la obra en cuestión. Me fijé en el precio y comenté en voz alta que me parecía algo cara, al fin y al cabo eran unos tacos de madera sobre un tablón viejo, colgado de una soga.

Cerca de mí se encontraba una mujer de mediana edad que, al escuchar mi comentario, me dijo amablemente: —Se nota que no entiende usted de arte moderno —Y a continuación manifestó con rotundidad:—Es Un (impronunciable) — Yo para no hacer más el ridículo, no le dije que no conocía al tal (impronunciable) y salí del paso con un: “¡Ah!” La mujer me aclaró que era experta en arte moderno y que conocía muy bien la evolución personal del autor, del cual había hecho, hace ya algunos años, su tesis doctoral. —Y…el significado,— me atreví yo a aventurar. Muy amablemente me explicó que donde yo solo veía unos tacos de madera atornillados a un tablón formando la figura de España, había en realidad mucho más de lo que a primera vista yo percibía. Que reconocía que para alguien no cultivado intelectualmente en el arte moderno, la interpretación resultase abstrusa ya que la mayor parte de la verdadera intención del autor se situaba en el terreno de lo apócrifo.

—Ya. Y entonces, la figura de España…

—Pues mire, el autor manifiesta su estado de abyección al intentar componer España desde un punto de vista clásico, realista. Por eso opta por dale a la obra un sentido antinómico para alcanzar un resultado que resulte, finalmente, apodíctico.

—Claro, claro…

—Por ejemplo, el verde descolorido de la superficie sobre la que se sitúa España  es, a la vez que representativo del mar que la rodea, un anhelo de esperanza que se desvanece con el paso del tiempo. Los cubos de madera son un intento por manifestar la cosmogonía inicial de los distintos elementos que se terminan uniendo para conformar de un modo posibilista España, pero que podían haberse distribuido de otra manera diferente; y las grietas entre los cubos representan la imperfección de la unión, que no es solidaria, que tiene defectos.

—Ya ¿Y la soga?

—Esa es la parte más impresionante de la obra, me contestó. Nos conduce a una concepción unitaria del espacio. El autor podía haber optado por equilibrar el conjunto sobre dos o más puntos, pero ha evolucionado desde la hipótesis inicial de un único punto que termina condicionando todo lo demás.

Así que compré la obra. Pague los 5000 euros y me la llevé a mi casa.

El otro día vino mi amigo Juan y le mostré, orgulloso la compra ¿Cuánto dices que te ha costado? Pues chico, yo solo veo unos tacos de madera atornillados sobre una tabla vieja colgando de una soga, formando la figura de España y los archipiélagos. Además faltan Ceuta, Melilla y el islote de Perejil.

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